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Valdelateja

Valdelateja

El pueblo de Valdelateja se sitúa cerca de la confluencia de los ríos Ebro y Rudrón, conformando uno de los paisajes más sugestivos de la provincia de Burgos.

 

Cuenta con bellos exponentes de la arquitectura popular de la zona, así como con la ermita mozárabe de las santas Elena y Centola del siglo VIII, situada en la cima de la singular peña de Castrosiero.

 

Esta localidad es el punto de partida para recorrer el cañón del río Ebro.

 

Este pequeño y pintoresco pueblo está situado en el fondo del Cañón del Rudrón, en un paraje natural privilegiado, dominado por el perfil escarpado de las paredes que enmarcan el valle encajado del río. Como elemento muy singular destaca el cerro troncopiramidal, sobre el que se sitúa una pequeña y solitaria ermita. El cerro de Castrosiero es un retazo de la Paramera que ha quedado individualizado por erosión fluvial, al excavar el río un meandro, que posteriormente fue abandonado. Es un interesante ejemplo de captura fluvial, dada la cercanía de este lugar a la desembocadura del afluente en el colector principal. La vegetación juega también un importante papel dentro del paisaje, pues los cantiles calizos desnudos alternan con los taludes recubiertos de una frondosa vegetación de bosque mixto.



Ayuntamiento de Sedano

Plaza Alejandro Rodríguez de Valcárcel, 1. 09142. Sedano, Burgos



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Más info

El primer asentamiento en este lugar data de la época prerromana, ubicado en la cima del cerro conocido como El Castillo. Del mundo romano tan sólo han quedado como testimonio dos fragmentos de estelas. Según la tradición, en la época del emperador Diocleciano fueron martirizadas allí la santas Elena y Centola. Como prueba de ello, se construyó un pequeño monumento sobre la roca donde la leyenda señala que fueron decapitadas. Existe la creencia popular de que cuando se pasa un paño húmedo por la roca, éste queda impregnado con el color rojizo de la sangre de la santas. La ermita actual, bajo la advocación de las santas, es un pequeño templo de una sola nave, muros de mampostería y sillarejo y cubierta de madera, al que se puede acceder por una escarpada senda desde el pueblo de Valdelateja. El ábside es recto y presenta una ventana de tipo aspillera con una interesante inscripción y decoración vegetal. Aunque, según la inscripción que aparece en la ventana de la cabecera, este edificio debió levantarse a finales del siglo VIII (año 782), siguiendo la tradición hispanovisigoda, el ara del altar y un disco (procedentes de este templo y conservados en el Museo de Burgos) parecen llevar la fecha de este edificio al siglo X, por lo que podemos pensar que debió existir algún importante proceso de reconstrucción o transformación. Una vez que este primitivo asentamiento fue abandonado, surgió uno nuevo conocido como Siero, algo más abajo del cerro. Estuvo habitado hasta principios del siglo XX, pero en la actualidad tan sólo cuenta con el cementerio y las ruinas de una iglesia de estilo gótico.

 

El pueblo actual, Valdelateja, tiene orígenes medievales, y cuenta con una iglesia dedicada a Santa Eulalia. Dicho templo originariamente era una pequeña ermita, pero a principios del siglo XX fue ampliada, reutilizando la piedra del despoblado de Siero. Asimismo, conserva algunas imágenes góticas, como las esculturas de bulto de Santa Centola y Santa Elena, realizadas en madera de nogal policromada.

 

Aunque esta localidad no cuenta con palacios ni casonas señoriales, su caserío guarda un enorme atractivo. Se encuentra dividida en dos barrios unidos por un esbelto puente, de una única arcada, sobre el Rudrón. La mayor parte de sus construcciones presentan las características de las casas montañesas, construidas en piedra con dos plantas cubiertas con tejado a dos aguas. El piso superior suele completarse con una solana o balcón corrido protegido por dos resaltes pétreos y balaustrada de madera. La utilización de piedra toba en la edificación dota a las edificaciones de una gran singularidad. Al ser ésta una roca ligera y fácil de trabajar, se elaboran con ella sillares, que se emplean para la construcción de los muros de los pisos superiores. El piso bajo se construye de piedra caliza, buscando un mejor aislamiento de la humedad, debido a la naturaleza muy porosa y deleznable de la toba. El resultado es una curiosa dualidad visual entre la mayor rusticidad de los muros inferiores, de sillarejo, y el cuidado aspecto de los pisos superiores, construidos con sillar. Es frecuente encontrar colmenas, hechas a partir de troncos huecos, empotradas en las fachadas de las casas.

 

Otro de los elementos patrimoniales de Valdelateja es su célebre balneario, al que se llega siguiendo, aguas arriba, el curso del río Rudrón desde el pueblo. Su historia se remonta a 1884, momento en el que surgió esta casa de baños. Pronto la fama curativa de sus aguas medicinales – bicarbonatadas, sódico-azoadas y termales-, y sus lujosas instalaciones atrajeron a numerosas personas. Tras la Guerra Civil, el establecimiento cerró. Durante un tiempo el antiguo balneario recobró sus funciones y constituyó uno de los atractivos turísticos de la comarca. Entre otras afecciones, trataba la artrosis, el reumatismo y el estrés, y utilizaba como técnicas de tratamiento el hidromasaje, los chorros a presión, la ducha subacuática, la fangoterapia, la reflexoterapia, etc. Arquitectónicamente destaca por su doble galería de madera, la inferior acristalada y la superior abierta, vuelta hacia los laterales en forma de U y conformando un rincón de gran belleza, con vistas al río. Actualmente el balneario está cerrado.

 

Pero el gran atractivo de este lugar está en su entorno inmediato; en los poderosos cantiles rocosos y taludes de acusada pendiente que conforman el Cañón del Rudrón; en la impresionante peña de Castrosiero; en la frondosa vegetación que tapiza sus laderas. De hecho, en los aledaños de Valdelateja se da cita una gran variedad de flora y fauna. La diferencia de altitud en el cañón permite la existencia de tres niveles de vegetación: bosque de ribera en el lecho del río, con chopos, sauces, fresnos, alisos, etc.; vegetación mixta de quejigos, encinas, avellanos, saucos, etc., en los taludes; y carrascas en la Paramera. Asimismo, el coto de pesca de San Felices es uno de los más prestigiosos y conocidos cotos trucheros de toda la Península. En las aguas del Rudrón son frecuentes los saltos de la trucha y grandes ejemplares de barbos de montaña. Otras especies animales que se encuentran en los alrededores son corzos, jabalís y una gran variedad de aves, como palomas, mirlos, petirrojos, y en los roquedos, buitres leonados y águilas reales, entre otros. En definitiva, una rica conjunción de elementos fáunicos, vegetales e históricos que bien merecen una visita reposada para su disfrute.

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Cuenta con bellos exponentes de la arquitectura popular de la zona, así como con la ermita mozárabe de las santas Elena y Centola del siglo VIII, situada en la cima de la singular peña de Castrosiero.

 

Esta localidad es el punto de partida para recorrer el cañón del río Ebro.

 

Este pequeño y pintoresco pueblo está situado en el fondo del Cañón del Rudrón, en un paraje natural privilegiado, dominado por el perfil escarpado de las paredes que enmarcan el valle encajado del río. Como elemento muy singular destaca el cerro troncopiramidal, sobre el que se sitúa una pequeña y solitaria ermita. El cerro de Castrosiero es un retazo de la Paramera que ha quedado individualizado por erosión fluvial, al excavar el río un meandro, que posteriormente fue abandonado. Es un interesante ejemplo de captura fluvial, dada la cercanía de este lugar a la desembocadura del afluente en el colector principal. La vegetación juega también un importante papel dentro del paisaje, pues los cantiles calizos desnudos alternan con los taludes recubiertos de una frondosa vegetación de bosque mixto.



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El primer asentamiento en este lugar data de la época prerromana, ubicado en la cima del cerro conocido como El Castillo. Del mundo romano tan sólo han quedado como testimonio dos fragmentos de estelas. Según la tradición, en la época del emperador Diocleciano fueron martirizadas allí la santas Elena y Centola. Como prueba de ello, se construyó un pequeño monumento sobre la roca donde la leyenda señala que fueron decapitadas. Existe la creencia popular de que cuando se pasa un paño húmedo por la roca, éste queda impregnado con el color rojizo de la sangre de la santas. La ermita actual, bajo la advocación de las santas, es un pequeño templo de una sola nave, muros de mampostería y sillarejo y cubierta de madera, al que se puede acceder por una escarpada senda desde el pueblo de Valdelateja. El ábside es recto y presenta una ventana de tipo aspillera con una interesante inscripción y decoración vegetal. Aunque, según la inscripción que aparece en la ventana de la cabecera, este edificio debió levantarse a finales del siglo VIII (año 782), siguiendo la tradición hispanovisigoda, el ara del altar y un disco (procedentes de este templo y conservados en el Museo de Burgos) parecen llevar la fecha de este edificio al siglo X, por lo que podemos pensar que debió existir algún importante proceso de reconstrucción o transformación. Una vez que este primitivo asentamiento fue abandonado, surgió uno nuevo conocido como Siero, algo más abajo del cerro. Estuvo habitado hasta principios del siglo XX, pero en la actualidad tan sólo cuenta con el cementerio y las ruinas de una iglesia de estilo gótico.

 

El pueblo actual, Valdelateja, tiene orígenes medievales, y cuenta con una iglesia dedicada a Santa Eulalia. Dicho templo originariamente era una pequeña ermita, pero a principios del siglo XX fue ampliada, reutilizando la piedra del despoblado de Siero. Asimismo, conserva algunas imágenes góticas, como las esculturas de bulto de Santa Centola y Santa Elena, realizadas en madera de nogal policromada.

 

Aunque esta localidad no cuenta con palacios ni casonas señoriales, su caserío guarda un enorme atractivo. Se encuentra dividida en dos barrios unidos por un esbelto puente, de una única arcada, sobre el Rudrón. La mayor parte de sus construcciones presentan las características de las casas montañesas, construidas en piedra con dos plantas cubiertas con tejado a dos aguas. El piso superior suele completarse con una solana o balcón corrido protegido por dos resaltes pétreos y balaustrada de madera. La utilización de piedra toba en la edificación dota a las edificaciones de una gran singularidad. Al ser ésta una roca ligera y fácil de trabajar, se elaboran con ella sillares, que se emplean para la construcción de los muros de los pisos superiores. El piso bajo se construye de piedra caliza, buscando un mejor aislamiento de la humedad, debido a la naturaleza muy porosa y deleznable de la toba. El resultado es una curiosa dualidad visual entre la mayor rusticidad de los muros inferiores, de sillarejo, y el cuidado aspecto de los pisos superiores, construidos con sillar. Es frecuente encontrar colmenas, hechas a partir de troncos huecos, empotradas en las fachadas de las casas.

 

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