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Monasterio de San Salvador de Oña

Monasterio de San Salvador de Oña

Este gran monasterio de Castilla alberga panteones reales y condales. Su iglesia, sacristía, refectorio y claustro poseen numerosos tesoros artísticos. Del origen románico de la iglesia quedan los muros de la nave y alguna ventana.

Tras sobrepasar la puerta exterior del siglo XV con seis representaciones de condes y reyes protectores, hallamos una puerta gótico-mudéjar. En el interior destaca la talla románica de Cristo crucificado, las pinturas murales góticas de Santa María Egipciaca y las tablas góticas del primitivo retablo. Sorprenden bajo el crucero-cabecera del siglo XVI, la sillería gótica y los dos baldaquinos del siglo XV con excelentes labores en madera y pinturas de la Escuela de Oña que cobijan ocho arcones funerarios de la misma época con los restos del Conde Sancho García, su esposa Urraca y su hijo García, último conde de Castilla, Sancho el Mayor de Navarra y Sancho el Fuerte de Castilla entre otros.

El altar mayor de estilo barroco está dedicado a san Iñigo. La sacristía alberga interesantes piezas, resaltando el sepulcro del obispo Mendoza del siglo XVI y una tela del siglo X. El magnífico claustro de principios del siglo XV es obra de Simón de Colonia.

 

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Oña fue el lugar de asentamiento del más importante de los monasterios de Castilla: el de San Salvador, panteón de los últimos condes y de los primeros reyes castellanos y foco de una intensa actividad religiosa y cultural. El monasterio fue fundado en el año 1011 por el conde castellano Sancho García, nieto de Fernán González, para el retiro de su hija Trigidia. Su yerno, Sancho III el Mayor de Navarra, se lo encomendó a los benedictinos, guiado por el abad Iñigo. Como monasterio benedictino se mantuvo hasta la Desamortización de 1836. La Compañía de Jesús lo ocupó de 1880 a 1967, año en que lo adquirió la Diputación Provincial de Burgos.

San Salvador de Oña fue uno de los cenobios con mayor número de monjes y una de las más ricas abadías españolas a lo largo de toda la Edad Media y Moderna. En el siglo XIV dependían de él más de 150 iglesias y de trescientos pueblos. Su gran riqueza propició también el desarrollo artístico, llevándose a cabo a lo largo de su historia construcciones en todos los estilos como el románico en la nave de su iglesia, el gótico en su cabecera y en su espectacular claustro, y extraordinarias muestras del arte renacentista y barroco.

En el exterior destaca la fachada del monasterio, que se corresponde con el austero barroco de los Austrias del segundo cuarto del siglo XVII. La atalaya de la izquierda, cilíndrica, maciza pero esbelta llamada “Cubillo” y coronada por un reloj es un resto de la primitiva edificación románica. Para acceder al interior de la iglesia hay que atravesar un pequeño vestíbulo románico llamado “pórtico del Cid” porque, según la tradición, fue en este lugar donde el Cid entregó a los monjes el cuerpo del rey Sancho II. Hay un segundo pórtico con una puerta de estilo gótico-mudéjar. Traspasado este umbralse llega a un espacio previo al templo en el que destaca una bóveda gótica casi plana decorada con magníficas pinturas hispano-flamencas del monje onniense fray Alonso de Zamora realizadas hacia 1500.

El interior de la iglesia está formado por una esbelta nave central y dos laterales que llegan hasta el crucero. El templo muestra diferentes etapas en su construcción. El primer cuerpo, formado por tres tramos góticos, es del siglo XIII y está cubierto por bóvedas del siglo XV. En esta zona aún se encuentran restos románicos. Le sigue el antiguo crucero, también gótico, en el que se abre una linterna del siglo XVIII. A continuación se halla la capilla mayor cubierta por una gran bóveda estrellada y construida en el siglo XV. Al fondo, abierta detrás del retablo mayor a modo de camarín, hallamos la capilla-relicario de san Íñigo construida a mediados del siglo XVIII. En la nave de la iglesia son muy destacadas algunas singulares obras artísticas como el Cristo románico del siglo XII, las pinturas en gótico lineal con la vida de santa María Egipcíaca del siglo XIV, algunas tablas pintadas del siglo XV, restos de antiguos retablos góticos y varios retablos barrocos.

El panteón condal y real está formado por dos baldaquinos gemelos de nogal negro labrados por fray Pedro de Valladolid con cuatro sarcófagos cada uno realizados en estilo gótico final del siglo XV. Los sarcófagos del templete de la derecha corresponden al infante García, hijo de Alfonso VII el Emperador, a doña Munia o Mayor, hija mayor del conde Sancho García y esposa de Sancho III el Mayor, al propio Sancho el Mayor y el cuarto y último a Sancho II. En el mausoleo de la derecha, los sarcófagos corresponden, de izquierda a derecha, al conde Sancho García, fundador del monasterio, a su esposa doña Urraca, hija de los condes de La Bureba, al hijo de ambos, García, y el último, a los infantes Alonso y Enrique, hijos de Sancho IV. En realidad, tras varias profanaciones, algunos de los sarcófagos están vacíos.

Un altar churrigueresco del siglo XVIII preside la iglesia. Muestra del gran potencial económico de la abadía es también el tabernáculo y cofre con los restos de san Íñigo, segundo abad del monasterio y personaje muy relevante en la España cristiana de la primera mitad del siglo XI. Sus restos se ubican en un baldaquino de mediados del siglo XVIII situado en un camarín decorado con pinturas rococó.

Junto al panteón, atravesando un arco que divide en dos la magnífica sillería de finales del siglo XV, obra de fray Pedro de Valladolid, encontramos la entrada a la sacristía y a la sala capitular. La sacristía, edificada a finales del siglo XVI en estilo herreriano, es amplia y luminosa y atesora numerosas obras. Entre ellas hay que destacar una magnífica cajonería rococó del siglo XVIII recorrida toda ella de pinturas de Romualdo Pérez Camino, realizadas hacia 1780. Actualmente alberga un importante museo en el que se exponen interesantes textiles medievales, obras de orfebrería de distintas épocas y algunas notables obras escultóricas. La sala capitular es de finales del siglo XII, aunque queda cubierta con una bóveda gótica y está decorada con motivos ornamentales de finales del siglo XV.

De todas las construcciones del monasterio destaca el claustro gótico. Su traza es de Simón de Colonia, que trabajó en él en los primeros años del XVI. Se caracteriza por la riqueza y variedad de figuras alzadas sobre peanas y cubiertas con doseletes por la proliferación de pináculos y por la amplitud de los ventanales, con elegantes tracerías flamígeras. En la puerta que comunica con el atrio se puede admirar la imagen gótica de Nuestra Señora de Oña. En un ángulo del claustro existe un templete vacío, en el que antes se encontraba una magnífica fuente de piedra de dos pisos que desapareció en la segunda mitad del siglo XIX. También es posible admirar el único sepulcro románico encontrado en el monasterio y, sobre todo, los sepulcros góticos de la familia de los Salvadores, condes de La Bureba realizados en el siglo XVI junto al sepulcro renacentista del obispo González Manso, cuyo busto sepulcral de alabastro se atribuye a Felipe Vigarny. El claustro gótico de Oña es uno de los más bellos de su género en España.

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El altar mayor de estilo barroco está dedicado a san Iñigo. La sacristía alberga interesantes piezas, resaltando el sepulcro del obispo Mendoza del siglo XVI y una tela del siglo X. El magnífico claustro de principios del siglo XV es obra de Simón de Colonia.

 

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Oña fue el lugar de asentamiento del más importante de los monasterios de Castilla: el de San Salvador, panteón de los últimos condes y de los primeros reyes castellanos y foco de una intensa actividad religiosa y cultural. El monasterio fue fundado en el año 1011 por el conde castellano Sancho García, nieto de Fernán González, para el retiro de su hija Trigidia. Su yerno, Sancho III el Mayor de Navarra, se lo encomendó a los benedictinos, guiado por el abad Iñigo. Como monasterio benedictino se mantuvo hasta la Desamortización de 1836. La Compañía de Jesús lo ocupó de 1880 a 1967, año en que lo adquirió la Diputación Provincial de Burgos.

San Salvador de Oña fue uno de los cenobios con mayor número de monjes y una de las más ricas abadías españolas a lo largo de toda la Edad Media y Moderna. En el siglo XIV dependían de él más de 150 iglesias y de trescientos pueblos. Su gran riqueza propició también el desarrollo artístico, llevándose a cabo a lo largo de su historia construcciones en todos los estilos como el románico en la nave de su iglesia, el gótico en su cabecera y en su espectacular claustro, y extraordinarias muestras del arte renacentista y barroco.

En el exterior destaca la fachada del monasterio, que se corresponde con el austero barroco de los Austrias del segundo cuarto del siglo XVII. La atalaya de la izquierda, cilíndrica, maciza pero esbelta llamada “Cubillo” y coronada por un reloj es un resto de la primitiva edificación románica. Para acceder al interior de la iglesia hay que atravesar un pequeño vestíbulo románico llamado “pórtico del Cid” porque, según la tradición, fue en este lugar donde el Cid entregó a los monjes el cuerpo del rey Sancho II. Hay un segundo pórtico con una puerta de estilo gótico-mudéjar. Traspasado este umbralse llega a un espacio previo al templo en el que destaca una bóveda gótica casi plana decorada con magníficas pinturas hispano-flamencas del monje onniense fray Alonso de Zamora realizadas hacia 1500.

El interior de la iglesia está formado por una esbelta nave central y dos laterales que llegan hasta el crucero. El templo muestra diferentes etapas en su construcción. El primer cuerpo, formado por tres tramos góticos, es del siglo XIII y está cubierto por bóvedas del siglo XV. En esta zona aún se encuentran restos románicos. Le sigue el antiguo crucero, también gótico, en el que se abre una linterna del siglo XVIII. A continuación se halla la capilla mayor cubierta por una gran bóveda estrellada y construida en el siglo XV. Al fondo, abierta detrás del retablo mayor a modo de camarín, hallamos la capilla-relicario de san Íñigo construida a mediados del siglo XVIII. En la nave de la iglesia son muy destacadas algunas singulares obras artísticas como el Cristo románico del siglo XII, las pinturas en gótico lineal con la vida de santa María Egipcíaca del siglo XIV, algunas tablas pintadas del siglo XV, restos de antiguos retablos góticos y varios retablos barrocos.

El panteón condal y real está formado por dos baldaquinos gemelos de nogal negro labrados por fray Pedro de Valladolid con cuatro sarcófagos cada uno realizados en estilo gótico final del siglo XV. Los sarcófagos del templete de la derecha corresponden al infante García, hijo de Alfonso VII el Emperador, a doña Munia o Mayor, hija mayor del conde Sancho García y esposa de Sancho III el Mayor, al propio Sancho el Mayor y el cuarto y último a Sancho II. En el mausoleo de la derecha, los sarcófagos corresponden, de izquierda a derecha, al conde Sancho García, fundador del monasterio, a su esposa doña Urraca, hija de los condes de La Bureba, al hijo de ambos, García, y el último, a los infantes Alonso y Enrique, hijos de Sancho IV. En realidad, tras varias profanaciones, algunos de los sarcófagos están vacíos.

Un altar churrigueresco del siglo XVIII preside la iglesia. Muestra del gran potencial económico de la abadía es también el tabernáculo y cofre con los restos de san Íñigo, segundo abad del monasterio y personaje muy relevante en la España cristiana de la primera mitad del siglo XI. Sus restos se ubican en un baldaquino de mediados del siglo XVIII situado en un camarín decorado con pinturas rococó.

Junto al panteón, atravesando un arco que divide en dos la magnífica sillería de finales del siglo XV, obra de fray Pedro de Valladolid, encontramos la entrada a la sacristía y a la sala capitular. La sacristía, edificada a finales del siglo XVI en estilo herreriano, es amplia y luminosa y atesora numerosas obras. Entre ellas hay que destacar una magnífica cajonería rococó del siglo XVIII recorrida toda ella de pinturas de Romualdo Pérez Camino, realizadas hacia 1780. Actualmente alberga un importante museo en el que se exponen interesantes textiles medievales, obras de orfebrería de distintas épocas y algunas notables obras escultóricas. La sala capitular es de finales del siglo XII, aunque queda cubierta con una bóveda gótica y está decorada con motivos ornamentales de finales del siglo XV.

De todas las construcciones del monasterio destaca el claustro gótico. Su traza es de Simón de Colonia, que trabajó en él en los primeros años del XVI. Se caracteriza por la riqueza y variedad de figuras alzadas sobre peanas y cubiertas con doseletes por la proliferación de pináculos y por la amplitud de los ventanales, con elegantes tracerías flamígeras. En la puerta que comunica con el atrio se puede admirar la imagen gótica de Nuestra Señora de Oña. En un ángulo del claustro existe un templete vacío, en el que antes se encontraba una magnífica fuente de piedra de dos pisos que desapareció en la segunda mitad del siglo XIX. También es posible admirar el único sepulcro románico encontrado en el monasterio y, sobre todo, los sepulcros góticos de la familia de los Salvadores, condes de La Bureba realizados en el siglo XVI junto al sepulcro renacentista del obispo González Manso, cuyo busto sepulcral de alabastro se atribuye a Felipe Vigarny. El claustro gótico de Oña es uno de los más bellos de su género en España.

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