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Los Jefes de Santo Domingo de Silos

Los Jefes de Santo Domingo de Silos

Santo Domingo de Silos se engalana de fiesta el último sábado del mes de enero con la escenificación de la hazaña de los silenses contra el ataque de los árabes.

Encerradas, pasacalles, carrera de jinetes de San Antón, carrerillas de los chicos por el pueblo portando antorchas, misa castellana y de Acción de Gracias. La Fiesta de los Jefes se ha convertido en un referente turístico más de la comarca del Arlanza.

Los actos de esta fiesta declarada de Interés Turístico Regional comienzan por la mañana en la plaza de la villa con la lectura del pregón por una personalidad invitada. A media mañana, los más jóvenes de la localidad acuden a buscar a los Jefes: Capitán, Cuchillón y Abanderado, protagonistas de la fiesta. En las primeras horas de la tarde la villa de Santo Domingo de Silos se llena de jinetes, que a lomos de sus caballos intentan con alardes de destreza competir por alzarse con la victoria.

Cuenta la leyenda que, durante la invasión musulmana de la península, un ejercito de moros puso sitio a la villa de Santo Domingo de Silos. Ante la desigualdad de las fuerzas encontradas, un vecino de la misma ideó una estrategia singular: simulando un incendio y con él la destrucción de cuantos bienes hubiera en el pueblo, el enemigo daría por inútil cualquier intento de asedio. Y así fue. En la oscuridad de una fría noche castellana, ardiendo numerosas hogueras, resonaron gritos de alarma, retumbaron en todo el valle los ecos de cientos de cencerros en estampida y, por fin, el gran teatro del caos devastación dejó atónito al sitiador, quien optó por volver grupas y olvidarse de aquella villa arrasada por el fuego.



Plaza Mayor. 09610 Santo Domingo de Silos, Burgos





Último sábado del mes de enero

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Más info

En la mañana del último sábado del mes de enero, el pueblo se reúne en la plaza. Es el momento de ir a buscar a Los Jefes a sus respectivos domicilios. Entre el gentío, observaréis cómo hay dos grupos de personas que destacan por su indumentaria. Los hombres vestidos con capa castellana son los comisarios de la fiesta y suelen ser todos los cabezas de familia de la villa. Los niños ataviados con chalecos y polainas de borreguillo y cargados con cencerros son la representación de los ganados que durante el incendio fingido de Silos se encargaran de provocar el mayor ruido y alboroto posible. Conducidos por el aire marcial del tambor, se procede a recoger al Cuchillón, al Abanderado y finalmente al Sargento. Completa la comitiva, nos dirigimos al Monasterio donde la Comunidad nos recibe en el patio de San José. Allí, el abanderado hace una demostración de su pericia y se entona el grito emblemático de toda la fiesta repetidas veces: ¡Viva nuestra devoción al dulce nombre de Jesús y de María!

 

De nuevo en la plaza tiene lugar la lectura del Pregón y, concluido éste, se realiza una especie de presentación formal de los jefes del año. Todo el pueblo forma un gran círculo y en su interior cada uno de los jefes dará una serie de vueltas con aire gallardo y solemne, finalizado éstas con el consabido Viva.

 

A primeras horas de la tarde celebraremos la Corrida de Gallos o Las Crestas, ritual antiquísimo en el cual los jefes, y posteriormente cualquier audaz jinete, habrán de intentar cobrar alguna de las prendas que cuelgan de una soga que es hábilmente manejada por un vecino para entorpecer las aspiraciones de los participantes.

 

Y tras Las Crestas, La Carrera de San Antón, prueba ecuestre en la cual los jefes y otros vecinos competirán por alzarse con la victoria en un breve, pero complicado circuito urbano.

 

Con la llegada de la noche, podréis disfrutar de uno de los actos más espectaculares y llamativos de toda la fiesta: Silos en llamas. Rememorando la hazaña de nuestros antepasados, esta noche fingimos igualmente que nuestro pueblo es devorado por un pavoroso incendio. Se encienden hogueras por todos los rincones; los hombres, escoltando a los jefes, recorren varias veces el pueblo portando teas e invocando los nombres de Jesús y María; los más jóvenes se cargan de cencerros y provocan la realista sensación de una desbandada general de animales domésticos. En la plaza, una gran pira sirve de punto de reunión de todos los participantes y en torno a ella concluye esta jornada.

 

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Santo Domingo de Silos se engalana de fiesta el último sábado del mes de enero con la escenificación de la hazaña de los silenses contra el ataque de los árabes.

Encerradas, pasacalles, carrera de jinetes de San Antón, carrerillas de los chicos por el pueblo portando antorchas, misa castellana y de Acción de Gracias. La Fiesta de los Jefes se ha convertido en un referente turístico más de la comarca del Arlanza.

Los actos de esta fiesta declarada de Interés Turístico Regional comienzan por la mañana en la plaza de la villa con la lectura del pregón por una personalidad invitada. A media mañana, los más jóvenes de la localidad acuden a buscar a los Jefes: Capitán, Cuchillón y Abanderado, protagonistas de la fiesta. En las primeras horas de la tarde la villa de Santo Domingo de Silos se llena de jinetes, que a lomos de sus caballos intentan con alardes de destreza competir por alzarse con la victoria.

Cuenta la leyenda que, durante la invasión musulmana de la península, un ejercito de moros puso sitio a la villa de Santo Domingo de Silos. Ante la desigualdad de las fuerzas encontradas, un vecino de la misma ideó una estrategia singular: simulando un incendio y con él la destrucción de cuantos bienes hubiera en el pueblo, el enemigo daría por inútil cualquier intento de asedio. Y así fue. En la oscuridad de una fría noche castellana, ardiendo numerosas hogueras, resonaron gritos de alarma, retumbaron en todo el valle los ecos de cientos de cencerros en estampida y, por fin, el gran teatro del caos devastación dejó atónito al sitiador, quien optó por volver grupas y olvidarse de aquella villa arrasada por el fuego.



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En la mañana del último sábado del mes de enero, el pueblo se reúne en la plaza. Es el momento de ir a buscar a Los Jefes a sus respectivos domicilios. Entre el gentío, observaréis cómo hay dos grupos de personas que destacan por su indumentaria. Los hombres vestidos con capa castellana son los comisarios de la fiesta y suelen ser todos los cabezas de familia de la villa. Los niños ataviados con chalecos y polainas de borreguillo y cargados con cencerros son la representación de los ganados que durante el incendio fingido de Silos se encargaran de provocar el mayor ruido y alboroto posible. Conducidos por el aire marcial del tambor, se procede a recoger al Cuchillón, al Abanderado y finalmente al Sargento. Completa la comitiva, nos dirigimos al Monasterio donde la Comunidad nos recibe en el patio de San José. Allí, el abanderado hace una demostración de su pericia y se entona el grito emblemático de toda la fiesta repetidas veces: ¡Viva nuestra devoción al dulce nombre de Jesús y de María!

 

De nuevo en la plaza tiene lugar la lectura del Pregón y, concluido éste, se realiza una especie de presentación formal de los jefes del año. Todo el pueblo forma un gran círculo y en su interior cada uno de los jefes dará una serie de vueltas con aire gallardo y solemne, finalizado éstas con el consabido Viva.

 

A primeras horas de la tarde celebraremos la Corrida de Gallos o Las Crestas, ritual antiquísimo en el cual los jefes, y posteriormente cualquier audaz jinete, habrán de intentar cobrar alguna de las prendas que cuelgan de una soga que es hábilmente manejada por un vecino para entorpecer las aspiraciones de los participantes.

 

Y tras Las Crestas, La Carrera de San Antón, prueba ecuestre en la cual los jefes y otros vecinos competirán por alzarse con la victoria en un breve, pero complicado circuito urbano.

 

Con la llegada de la noche, podréis disfrutar de uno de los actos más espectaculares y llamativos de toda la fiesta: Silos en llamas. Rememorando la hazaña de nuestros antepasados, esta noche fingimos igualmente que nuestro pueblo es devorado por un pavoroso incendio. Se encienden hogueras por todos los rincones; los hombres, escoltando a los jefes, recorren varias veces el pueblo portando teas e invocando los nombres de Jesús y María; los más jóvenes se cargan de cencerros y provocan la realista sensación de una desbandada general de animales domésticos. En la plaza, una gran pira sirve de punto de reunión de todos los participantes y en torno a ella concluye esta jornada.

 

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