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El verano es para celebrar: bienvenidos a la fiesta del dios Baco de Valdearados

El verano es para celebrar: bienvenidos a la fiesta del dios Baco de Valdearados

En plena Ribera del Duero burgalesa no se puede venerar a otro dios que no sea Baco. El 26 y el 27 de agosto esta localidad del sur de la provincia de Burgos viaja a la Antigua Roma para recordar la grandeza del Imperio con lucha de gladiadores, cetrería y una auténtica bacanal. Es la XXIII Fiesta Romana en Honor a Baco de Baños de Valdearados. Una oportunidad para conocer el impresionante legado romano que se esconde en este rincón de Hispania

Hace 2000 años, los romanos se asentaron en Baños de Valdearados. Lo que su huella supuso para esta zona es más que historia. Sus villas, sus teatros, sus mosaicos, sus termas… Aquí descubrieron la calidad del vino, cuyo cultivo habían traído los fenicios. Desde entonces, el vino es la savia que alimenta esta tierra. Una tierra que ha mantenido la cultura vitivinícola durante siglos hasta conseguir que el mundo entero mire hacia este rincón de la provincia de Burgos cuando se habla de vino. Es la Ribera del Duero burgalesa.

Aquí, entre viñedos, cereales, encinas y pinos se rendía culto a Baco hace dos milenios. A él, el dios del vino y de la vid, le dedicaron los romanos un espectacular mosaico que pavimenta el oecus (salón principal) de una mansión bajoimperial del siglo IV descubierta en 1972, por casualidad, en un terreno agrícola. Un hallazgo que puso a esta localidad burgalesa en el mapa del rastro que el Imperio Romano dejó en España.

Desde entonces, los vecinos de este municipio luchan por mantener viva su historia recreando aquellos tiempos en que, tumbado en el triclinium, se comía fruta y se bebía vino, coronado por laureles. Para ello, celebran su Fiesta Romana en honor al Dios Baco. Un dios del vino, pero también de la fertilidad, la agricultura y la música; protector de quienes buscan liberarse de las ataduras. En pocas palabras, el dios del verano. A él se le venera a finales de agosto en Baños de Valdearados, a una hora de Burgos, a 20 minutos de la famosa Aranda de Duero y dos de Madrid. La excusa perfecta para vivir una auténtica bacanal romana. La vida de la Antigua Roma regresa aquí del 26 al 27 de agosto.

 

 

Dos días de fieta en el Imperio Romano: gladiadores, aves rapaces y una auténtica bacanal
Declarada Fiesta de Interés Turístico de Castilla y León en 2020, la XXIII Fiesta Romana en Honor al Dios Baco de Baños de Valdearados, al sur de la provincia de Burgos, es la mejor oportunidad para vivir de primera mano cómo eran las auténticas fiestas romanas.

Las togas y las estolas comienzan a verse por las calles, el día 26, desde bien temprano, con la iglesia románica del Santo Cristo (siglo XI) como testigo. El mercado romano empieza a despertar en la plaza y los artesanos comienzan a levantar sus puestos por cada esquina. El olor a vino ya se percibe en el ambiente y se mezcla con el del cuero y el de algunos hornos que ya empiezan a sacar las primeras bandejas de pan y dulces artesanales. Las tabernas se preparan para regresar a la grandeza del Imperio Romano. Caza mayor, menor, quesos, frutas y vino. Mesas corridas y buen ambiente.

La Baco Race es la encargada de dar comienzo a la fiesta. Los corredores se afanan en completar una legua romana (5 kilómetros) para luego mezclarse entre los centenares de curiosos que abarrotan la villa. Entre los mercaderes, artesanos del mimbre, escultores, alfareros en antiguos tornos y hasta una fragua, en la que se moldea el metal al calor del fuego. Es el arte de la forja que atrae a grandes y pequeños por igual. Junto a ellos, arqueólogos e historiadores comparten curiosidades sobre el uso medicinal que los romanos le daban a diferentes ungüentos o su sistema de medición. Una herencia que, en gran medida, sigue viva.

 

 

Mientras, las calles son un ir y venir de gentes que se arremolinan para ver luchar a los gladiadores. Un espectáculo de fuerza en el que los nervios y la emoción lo invaden todo. Una demostración de la soberanía del Imperio más grande que haya existido. En el cielo, se intuye el vuelo de las aves rapaces que se precipitan sobre el mercado en una exhibición tan emocionante como espectacular. Es el arte de la cetrería; una de las novedades de esta edición y uno de los principales reclamos del fin de semana.

 

 

El día grande es el domingo 27, cuando se invoca a Baco junto al mosaico que custodia la villa romana. En este escenario de altísimo valor arqueológico, los asistentes son testigos de la transformación del dios en un ser de carne y hueso que llega hasta la plaza de Baños de Valdearados custodiado por un cortejo. Una vez allí, Baco podrá participar junto a unas 600 personas de la representación que se hará de una auténtica bacanal romana donde el vino y la comida darán rienda suelta a la fiesta.

 

 

Los restos arqueológicos de la Villa Romana de Santa Cruz

Un auténtico viaje a la Antigua Roma, eso es lo que es la Fiesta en Honor a Baco de Baños de Valdearados; una cita que la Asociación Cultural Dios Baco aprovecha para reivindicar la reanudación de las excavaciones en la villa romana de Santa Cruz, pues se estima que los trabajos que se han hecho hasta ahora han dejado al descubierto únicamente un 10% de lo que puede esconder el yacimiento y, de ese diez, el público solamente puede acceder al 3%.

Los hallazgos en esta mansión bajoimperial, que data de los siglos IV y VI, permiten admirar hasta diez habitaciones (algunas con hipocaustum: sistema de calefacción) y cuatro pasillos. El oecus o salón principal, tiene una superficie de 66 metros cuadrados y está pavimentado con un mosaico dedicado a Baco, único en España y de los mejores conservados del país. La pieza presenta en el centro dos escenas figuradas y, alrededor, una gran cenefa geométrica con seis escenas de caza y bustos masculinos en las esquinas. En el triclinium o comedor, el mosaico está decorado con motivos geométricos y en otra habitación, destaca un tercer mosaico figurativo. Una prueba más que significativa de que los romanos no estuvieron aquí de paso.

 

 

Qué ver: el legado romano en la Ribera del Duero
Pasar un verano imaginando cómo vivían emperadores, gladiadores, plebeyos y patricios es más que posible si te acercas a esta zona del sur de la provincia de Burgos, pues el legado romano que se conserva en la Ribera del Duero burgalesa es inmenso.

Y si además de un viaje a la Antigua Roma, buscas una inmersión en la Ribera del Duero, hay tres paradas ineludibles. En primer lugar, el monasterio de La Vid (siglo XII), que con su espadaña de más de 30 metros de altura y sus alrededores plagados de viñas y lagares, sirve de puerta de entrada a la Ribera del Duero burgalesa.

 

Peñaranda de Duero con su hermoso Palacio de los Condes de Miranda, su Castillo (siglo X) y su Botica del siglo XVIII, que sigue con las generaciones Jimeno despachando medicamentos desde entonces, es una parada encantadora de trazado medieval que invita a perderse por sus estrechas calles empedradas enmarcadas por casas nobles. Su Plaza Mayor del siglo XVI es parada obligatoria, con su rollo jurisdiccional de estilo gótico, presidiendo justo en el centro.

 

 

Por último, Aranda de Duero es la despedida perfecta para este viaje romano por la Ribera del Duero, pues en esta ciudad asentada sobre uno de los mayores conjuntos de bodegas subterráneas del mundo, podrás darte un auténtico festín romano en el que no faltará el vino de la zona ni el emblema gastronómico arandino: el lechazo asado.  Tras una visita a la iglesia de San Juan Bautista y el Palacio de los Verdugo, podrás imaginar sobre el río Duero los tiempos en los que imperaba Tiberio, desde el puente medieval de las Tenerías.



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Hace 2000 años, los romanos se asentaron en Baños de Valdearados. Lo que su huella supuso para esta zona es más que historia. Sus villas, sus teatros, sus mosaicos, sus termas… Aquí descubrieron la calidad del vino, cuyo cultivo habían traído los fenicios. Desde entonces, el vino es la savia que alimenta esta tierra. Una tierra que ha mantenido la cultura vitivinícola durante siglos hasta conseguir que el mundo entero mire hacia este rincón de la provincia de Burgos cuando se habla de vino. Es la Ribera del Duero burgalesa.

Aquí, entre viñedos, cereales, encinas y pinos se rendía culto a Baco hace dos milenios. A él, el dios del vino y de la vid, le dedicaron los romanos un espectacular mosaico que pavimenta el oecus (salón principal) de una mansión bajoimperial del siglo IV descubierta en 1972, por casualidad, en un terreno agrícola. Un hallazgo que puso a esta localidad burgalesa en el mapa del rastro que el Imperio Romano dejó en España.

Desde entonces, los vecinos de este municipio luchan por mantener viva su historia recreando aquellos tiempos en que, tumbado en el triclinium, se comía fruta y se bebía vino, coronado por laureles. Para ello, celebran su Fiesta Romana en honor al Dios Baco. Un dios del vino, pero también de la fertilidad, la agricultura y la música; protector de quienes buscan liberarse de las ataduras. En pocas palabras, el dios del verano. A él se le venera a finales de agosto en Baños de Valdearados, a una hora de Burgos, a 20 minutos de la famosa Aranda de Duero y dos de Madrid. La excusa perfecta para vivir una auténtica bacanal romana. La vida de la Antigua Roma regresa aquí del 26 al 27 de agosto.

 

 

Dos días de fieta en el Imperio Romano: gladiadores, aves rapaces y una auténtica bacanal
Declarada Fiesta de Interés Turístico de Castilla y León en 2020, la XXIII Fiesta Romana en Honor al Dios Baco de Baños de Valdearados, al sur de la provincia de Burgos, es la mejor oportunidad para vivir de primera mano cómo eran las auténticas fiestas romanas.

Las togas y las estolas comienzan a verse por las calles, el día 26, desde bien temprano, con la iglesia románica del Santo Cristo (siglo XI) como testigo. El mercado romano empieza a despertar en la plaza y los artesanos comienzan a levantar sus puestos por cada esquina. El olor a vino ya se percibe en el ambiente y se mezcla con el del cuero y el de algunos hornos que ya empiezan a sacar las primeras bandejas de pan y dulces artesanales. Las tabernas se preparan para regresar a la grandeza del Imperio Romano. Caza mayor, menor, quesos, frutas y vino. Mesas corridas y buen ambiente.

La Baco Race es la encargada de dar comienzo a la fiesta. Los corredores se afanan en completar una legua romana (5 kilómetros) para luego mezclarse entre los centenares de curiosos que abarrotan la villa. Entre los mercaderes, artesanos del mimbre, escultores, alfareros en antiguos tornos y hasta una fragua, en la que se moldea el metal al calor del fuego. Es el arte de la forja que atrae a grandes y pequeños por igual. Junto a ellos, arqueólogos e historiadores comparten curiosidades sobre el uso medicinal que los romanos le daban a diferentes ungüentos o su sistema de medición. Una herencia que, en gran medida, sigue viva.

 

 

Mientras, las calles son un ir y venir de gentes que se arremolinan para ver luchar a los gladiadores. Un espectáculo de fuerza en el que los nervios y la emoción lo invaden todo. Una demostración de la soberanía del Imperio más grande que haya existido. En el cielo, se intuye el vuelo de las aves rapaces que se precipitan sobre el mercado en una exhibición tan emocionante como espectacular. Es el arte de la cetrería; una de las novedades de esta edición y uno de los principales reclamos del fin de semana.

 

 

El día grande es el domingo 27, cuando se invoca a Baco junto al mosaico que custodia la villa romana. En este escenario de altísimo valor arqueológico, los asistentes son testigos de la transformación del dios en un ser de carne y hueso que llega hasta la plaza de Baños de Valdearados custodiado por un cortejo. Una vez allí, Baco podrá participar junto a unas 600 personas de la representación que se hará de una auténtica bacanal romana donde el vino y la comida darán rienda suelta a la fiesta.

 

 

Los restos arqueológicos de la Villa Romana de Santa Cruz

Un auténtico viaje a la Antigua Roma, eso es lo que es la Fiesta en Honor a Baco de Baños de Valdearados; una cita que la Asociación Cultural Dios Baco aprovecha para reivindicar la reanudación de las excavaciones en la villa romana de Santa Cruz, pues se estima que los trabajos que se han hecho hasta ahora han dejado al descubierto únicamente un 10% de lo que puede esconder el yacimiento y, de ese diez, el público solamente puede acceder al 3%.

Los hallazgos en esta mansión bajoimperial, que data de los siglos IV y VI, permiten admirar hasta diez habitaciones (algunas con hipocaustum: sistema de calefacción) y cuatro pasillos. El oecus o salón principal, tiene una superficie de 66 metros cuadrados y está pavimentado con un mosaico dedicado a Baco, único en España y de los mejores conservados del país. La pieza presenta en el centro dos escenas figuradas y, alrededor, una gran cenefa geométrica con seis escenas de caza y bustos masculinos en las esquinas. En el triclinium o comedor, el mosaico está decorado con motivos geométricos y en otra habitación, destaca un tercer mosaico figurativo. Una prueba más que significativa de que los romanos no estuvieron aquí de paso.

 

 

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Y si además de un viaje a la Antigua Roma, buscas una inmersión en la Ribera del Duero, hay tres paradas ineludibles. En primer lugar, el monasterio de La Vid (siglo XII), que con su espadaña de más de 30 metros de altura y sus alrededores plagados de viñas y lagares, sirve de puerta de entrada a la Ribera del Duero burgalesa.

 

Peñaranda de Duero con su hermoso Palacio de los Condes de Miranda, su Castillo (siglo X) y su Botica del siglo XVIII, que sigue con las generaciones Jimeno despachando medicamentos desde entonces, es una parada encantadora de trazado medieval que invita a perderse por sus estrechas calles empedradas enmarcadas por casas nobles. Su Plaza Mayor del siglo XVI es parada obligatoria, con su rollo jurisdiccional de estilo gótico, presidiendo justo en el centro.

 

 

Por último, Aranda de Duero es la despedida perfecta para este viaje romano por la Ribera del Duero, pues en esta ciudad asentada sobre uno de los mayores conjuntos de bodegas subterráneas del mundo, podrás darte un auténtico festín romano en el que no faltará el vino de la zona ni el emblema gastronómico arandino: el lechazo asado.  Tras una visita a la iglesia de San Juan Bautista y el Palacio de los Verdugo, podrás imaginar sobre el río Duero los tiempos en los que imperaba Tiberio, desde el puente medieval de las Tenerías.



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